Al principio de esta cuarta temporada de ‘30 Rock’, había un crítico estadounidense que decía que lo que la serie intentaba hacer todas las semanas era muy difícil. Su impulso no es el desarrollo de los personajes, la comedia no proviene de ellos (como ocurre en ‘The Office’ y ‘Cómo conocí a vuestra madre’), sino que sus capítulos siguen el lema de meter el mayor número posible de bromas por minuto, aderezadas además con un importante nivel de absurdo y con pequeños detallitos graciosos aquí y allá. Puede haber algún episodio en el que funcionen muchos chistes, pero no el conjunto, y otros en el que no funcionan bien ni las partes ni su suma, pero cuando todo encaja, no hay comedia que pueda superarla. Lógicamente, semejante nivel es difícil de mantener todas las semanas, aunque siempre tengan algo que salve los episodios.
En esta cuarta temporada, empezaron con unos pocos episodios en los que casi todo encajaba a la perfección, para seguir después con otros un poco más descompensados. Han contado con algunos invitados especiales que, en general, han estado bien utilizados, desde James Franco y su graciosa fijación por las almohadas anime, a Julianne Moore y un exagerado acento de Boston o Elizabeth Banks dando vida a una presentadora de un programa político muy conservador y muy gritón, y también han acertado en algunas subtramas, como la rivalidad entre Jenna y Danny, el nuevo actor de TGS. Otros chistes (muchos de los de Tracy últimamente) están menos logrados.




